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Feb 25, 2026

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Santa Sede promueve reformas rurales integrales: Nuncio Apostolico en Colombia

Paulo Rudelli afirmó en Cartagena que la Santa Sede impulsa reformas rurales integrales con desarrollo, equidad, sostenibilidad y protagonismo campesino

Durante la ICARRD +20 en Cartagena, el Nuncio Apostólico planteó una necesaria y equitativa transformación del campo colombiano


Monseñor Paulo Rudelli, Nuncio Apostólico en Colombia, afirmó que la Santa Sede promueve reformas rurales integrales porque el campo debe seguir desarrollándose, en el marco de la ICARRD +20, que se realiza en Cartagena. Su pronunciamiento puso en el centro del debate internacional la necesidad de transformar las zonas rurales desde una visión amplia, sostenible y profundamente humana.

El representante diplomático del Vaticano sostuvo que la reforma rural no puede limitarse únicamente a la distribución de la tierra, sino que debe ir acompañada de un conjunto de políticas públicas que garanticen condiciones reales de desarrollo para las comunidades campesinas. En ese sentido, insistió en que el campo requiere servicios, educación y oportunidades que permitan a quienes lo habitan convertirse en protagonistas de su propio futuro.

“Es promover una reforma que sea integral, parte de una distribución más equitativa de la tierra, pero que no se quede ahí”, expresó Rudelli, al explicar que esta transformación debe apoyarse en políticas de Estado que lleven servicios básicos, educación y condiciones dignas para el trabajo rural.

Una reforma integral basada en la doctrina social de la Iglesia

El Nuncio Apostólico explicó que esta visión forma parte de la doctrina social de la Iglesia, la cual promueve la dignidad humana, la justicia social y el desarrollo equilibrado de los territorios. Desde esta perspectiva, el campo no puede ser visto únicamente como un espacio de producción, sino como un lugar donde viven comunidades con derechos, identidad y aspiraciones legítimas.

Rudelli señaló que las comunidades rurales necesitan acceso a educación, servicios y acompañamiento institucional, de manera que puedan enfrentar los desafíos de un mundo que avanza rápidamente. Para la Santa Sede, el desarrollo rural debe permitir que los campesinos y todos los que viven del campo participen activamente en las decisiones que afectan su presente y su futuro.

El mensaje fue claro: sin un desarrollo integral del campo, no es posible hablar de un progreso justo y sostenible. La Iglesia, desde su rol pastoral y social, acompaña estos procesos y promueve una visión de largo plazo que prioriza a las personas por encima de los intereses económicos.

El desafío rural es global y compartido

Al ser consultado sobre si las necesidades rurales de Colombia son similares a las de otras regiones del mundo, Paulo Rudelli afirmó que cada continente enfrenta retos específicos, aunque el tema del campo se ha convertido en un asunto crítico a nivel global.

“El tema del campo es un tema caliente en todo el mundo”, aseguró, al advertir que fenómenos como el despojo de comunidades rurales y la financialización de la agricultura están afectando gravemente a quienes dependen de la tierra para vivir. Según explicó, estos procesos terminan desplazando a comunidades enteras y debilitando la vida rural.

En este contexto, el Nuncio subrayó que el gran desafío global es avanzar hacia una agricultura más sostenible, que respete a las comunidades, al medio ambiente y a las dinámicas sociales del campo. Para la Iglesia, este reto exige un acompañamiento cercano y constante, especialmente en los territorios más vulnerables.

La Iglesia y su papel de acompañamiento en el campo

Rudelli fue enfático en señalar que la Iglesia no diseña políticas de Estado, pero sí cumple un papel subsidiario fundamental. Desde su presencia territorial, la Iglesia acompaña a las comunidades rurales en sus procesos de transición y adaptación a los cambios económicos y sociales.

“Donde está el campo, ahí está la parroquia, está la comunidad eclesial, está la pastoral social”, afirmó, al destacar el trabajo cotidiano que se realiza en zonas rurales de Colombia y del mundo.

Este acompañamiento busca apoyar a las comunidades en una transición necesaria, entendiendo que el mundo sigue desarrollándose y que el campo no puede quedarse atrás. Para la Iglesia, el desarrollo rural debe ser inclusivo, sostenible y respetuoso de las culturas y tradiciones campesinas.

Un llamado a no dejar atrás al campo

El mensaje de Monseñor Paulo Rudelli en la ICARRD +20 dejó un llamado contundente: el desarrollo global no puede darse a costa del abandono del campo. Las comunidades rurales deben contar con condiciones reales para crecer, producir y vivir con dignidad.

La reforma rural integral, desde la mirada de la Santa Sede, es una oportunidad para corregir desigualdades históricas, fortalecer la cohesión social y garantizar la sostenibilidad de los territorios. En un mundo que avanza rápidamente, el campo también debe transformarse, pero sin perder su esencia ni a quienes lo habitan.

El pronunciamiento del Nuncio Apostólico refuerza el debate internacional sobre el futuro rural y deja en claro que el desarrollo del campo es una responsabilidad compartida, donde los Estados, las comunidades y las instituciones sociales tienen un papel clave para construir un futuro más justo y equilibrado.

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