Colectivos campesinos elaboraron un histórico y transformador manifiesto rumbo a ICARRD +20 sobre tierra, vida y derechos
Un grupo de líderes sociales y colectivos campesinos de distintos países del mundo se reunió durante tres días en Cartagena para consensuar un manifiesto académico y político sobre la reforma agraria y el desarrollo rural. El documento será presentado por la ministra de Agricultura de Colombia, Martha Carvajalino, en la ICARRD +20, que se desarrollará del 24 al 28 de febrero.
El encuentro tuvo lugar en la ciudad de Cartagena, donde representantes de movimientos sociales, comunidades campesinas y académicos comprometidos debatieron el futuro de la tierra, el agua, los acuatorios y los bosques, concebidos no como mercancía, sino como fuente de vida, identidad, memoria y dignidad para los pueblos.
Desde el inicio, el manifiesto parte de una premisa central: la tierra no puede reducirse a un recurso económico ni a un activo financiero, sino que constituye la base de los ecosistemas, las culturas, los pueblos y los Estados nación. En ese sentido, los participantes señalaron que cuando los movimientos sociales exigen reformas agrarias, exigen el derecho a la vida misma.
Reformas agrarias verdaderamente transformadoras
El manifiesto reconoce que, aunque históricamente se han impulsado reformas agrarias en diversas regiones del mundo, estas han sido insuficientes y, en muchos casos, revertidas. Los líderes sociales denunciaron que dichos procesos han sido sustituidos por enfoques basados en el mercado y por una nueva ola de acaparamiento de tierras.
El documento sostiene que las soluciones basadas en la mercantilización no pueden resolver los problemas creados por el propio mercado, y que convertir la tierra y la naturaleza en bienes de compra y venta profundiza la desigualdad, el despojo y la exclusión. Frente a las historias de extractivismo, colonialismo patriarcal y racista, el manifiesto propone reformas agrarias verdaderamente transformadoras.
En este marco, los movimientos sociales impulsan una agenda redefinida en torno a cuatro principios inseparables, conocidas como las cuatro “R”: Reconocimiento, Redistribución, Restitución y Regulación. Estas cuatro dimensiones se presentan como una estrategia integral para corregir errores históricos y eliminar las desigualdades estructurales en el acceso a la tierra.
Las cuatro “R” como eje de justicia territorial
El Reconocimiento se plantea como un paso esencial para garantizar los derechos consuetudinarios de mujeres, jóvenes, comunidades campesinas, pueblos indígenas, afrodescendientes y territorios étnicos. Este reconocimiento busca proteger el acceso a la tierra que hoy se encuentra amenazado por la mercantilización y el extractivismo.
La Redistribución, según el manifiesto, resulta indispensable para enfrentar la alta concentración de la tierra en manos de élites, permitiendo que las personas accedan a tierras adecuadas para sus necesidades y se nivelen las condiciones históricamente desiguales. Esta redistribución también puede reestructurar los mercados locales en favor de las personas y no de las grandes empresas.
La Restitución se define como una medida imperativa para confrontar los desplazamientos forzados causados por conflictos, guerras y acaparamiento de tierras, haciendo énfasis en la reparación de los daños sufridos y en la recuperación de todo lo perdido por las comunidades afectadas.
Finalmente, la Regulación se plantea como un mecanismo clave para limitar la acumulación excesiva de tierras por parte de individuos y empresas, facilitar el acceso a quienes no la tienen y garantizar ingresos dignos a quienes trabajan directamente la tierra.
El manifiesto advierte que aplicar estas estrategias de manera fragmentada ha debilitado históricamente a la clase trabajadora rural y ha generado conflictos entre comunidades campesinas, indígenas, pescadores artesanales y otros grupos rurales, debido a la superposición de territorios colectivos.
Agroecología, soberanía alimentaria y transformación social
Los firmantes del manifiesto sostienen que los avances en las cuatro “R” serán temporales si no se transforman también los sistemas de producción que destruyen el ambiente y benefician solo a pequeñas élites agrarias. La democratización del acceso a la tierra, sin una transición agroecológica regenerativa, perpetuaría los problemas actuales.
En ese sentido, el documento vincula de manera directa la reforma agraria con la agroecología y la soberanía alimentaria, señalando que estas solo serán posibles mediante programas integrales de reconocimiento, redistribución, restitución y regulación. Los académicos reiteran su compromiso con una investigación rigurosa, colaborativa y basada en evidencias, centrada en las personas que viven y trabajan la tierra.
El manifiesto critica los enfoques tecnocráticos, verticales y basados en el mercado, asegurando que décadas de modernización tecnológica e intensificación agroindustrial han incrementado la pobreza, la desigualdad, el acaparamiento de tierras, la degradación ambiental y la malnutrición.
Un llamado global ante el contexto político actual
El documento también rechaza las amenazas del contexto político global actual, marcado por el auge del fascismo, la extrema derecha, el militarismo, la xenofobia y las guerras genocidas. Los líderes sociales advierten sobre una nueva ofensiva colonial e imperialista en América Latina, el Caribe y Medio Oriente, que complejiza aún más la lucha por la tierra.
Ante este panorama, el manifiesto demanda que la ICARRD +20 fortalezca los compromisos internacionales y que los gobiernos garanticen reformas agrarias favorables a los sectores más pobres. También exige la protección de los derechos territoriales de pueblos indígenas, campesinos, afrodescendientes, pastores y comunidades pesqueras.
Asimismo, se solicita que los gobiernos y la FAO den seguimiento a los acuerdos de la ICARRD +20 e incorporen las reformas agrarias en los organismos de Naciones Unidas, especialmente en los espacios relacionados con la tierra y el territorio.
El manifiesto concluye con una afirmación contundente: tierra y territorio para trabajar, para comer y para la vida no es una utopía, sino una solución necesaria y viable frente a las múltiples crisis actuales. Un mensaje que desde Cartagena busca impactar la agenda agraria global.


