Foro académico estratégico reúne en Cartagena líderes globales para posicionar la Reforma Agraria ante crisis climática, ambiental y alimentaria
Colombia abrió un debate global de alto nivel sobre la Reforma Agraria como respuesta estructural a los desafíos del siglo XXI, al dar inicio a la agenda previa de la Segunda Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20). El punto de partida fue la Conferencia Internacional Tierra, Vida y Sociedad, un espacio de deliberación académica y política que situó la redistribución y democratización del acceso a la tierra como eje estratégico para enfrentar las crisis climática, ambiental y alimentaria que afectan de manera desproporcionada a los pueblos rurales del mundo.
El evento, realizado en la Universidad de Cartagena, reunió a referentes internacionales del movimiento campesino, la investigación agraria y la gobernanza global de la tierra, consolidando a Colombia como escenario central del debate contemporáneo sobre justicia territorial y sostenibilidad. En un contexto global marcado por la degradación ambiental, el aumento del hambre y la concentración de la propiedad de la tierra, los participantes coincidieron en que la Reforma Agraria no es una discusión histórica superada, sino una política estructural vigente e indispensable para garantizar estabilidad democrática, sostenibilidad territorial y justicia social.

Reforma Agraria como respuesta estructural a las crisis globales
Durante la primera jornada, el foro reafirmó que los actuales desequilibrios territoriales, caracterizados por la concentración de la tierra, la presión extractiva, la expansión desordenada de monocultivos y la vulnerabilidad de las economías campesinas, profundizan la crisis climática y la inseguridad alimentaria. Estas dinámicas, señalaron los panelistas, no son coyunturales, sino estructurales, y requieren respuestas políticas de fondo.
Participaron en el debate Morgan Ody, secretaria general de La Vía Campesina; Darío Fajardo, uno de los investigadores agrarios más destacados de Colombia; Carlos Duarte, presidente del Grupo de Trabajo de la UNDROP; Ward Anseeuw, del Observatorio Global de la Tierra de la FAO; y Dionicio Canahui, representante del International Indian Treaty Council ante la FAO.
Las intervenciones coincidieron en señalar que reordenar la relación entre sociedad, territorio y naturaleza es una condición necesaria para enfrentar los desafíos contemporáneos. En este sentido, la Reforma Agraria fue presentada como una política integral, capaz de articular justicia social, sostenibilidad ambiental y desarrollo económico desde los territorios rurales.
La tierra como territorio de vida y no solo de producción
El debate trascendió la defensa declarativa de la Reforma Agraria y la ubicó como una herramienta estratégica de reorganización territorial. Los expertos plantearon que redistribuir y democratizar el acceso a la tierra implica impulsar transformaciones profundas en los modelos productivos y sociales, entre ellas:
- Impulsar sistemas agroecológicos que reduzcan emisiones y restauren suelos degradados.
- Proteger la biodiversidad mediante modelos productivos de base campesina e indígena.
- Fortalecer la soberanía alimentaria, disminuyendo la dependencia de mercados internacionales volátiles.
- Generar arraigo territorial como factor de paz, cohesión social y estabilidad democrática.
Desde esta perspectiva, la tierra fue concebida no solo como un factor de producción, sino como un territorio de vida, identidad y cultura. Este enfoque integral, señalaron los panelistas, resulta clave para diseñar políticas públicas capaces de responder a la complejidad de las crisis actuales.
La academia como aliada estratégica de la transformación rural
Uno de los consensos más fuertes del encuentro fue el rol central de la academia en los procesos de transformación rural. Los participantes coincidieron en que la transición hacia sistemas agroalimentarios sostenibles requiere investigación aplicada, diálogo entre saber científico y saber territorial, y formación interdisciplinaria.
Se afirmó que la universidad no puede ser una observadora neutral de la crisis, sino que debe convertirse en aliada estratégica de las comunidades rurales y de las políticas públicas. Esto implica acompañar técnicamente la implementación de reformas agrarias, evaluar impactos ambientales, fortalecer capacidades locales y aportar evidencia para la toma de decisiones.
La experiencia de universidades públicas, como la Universidad de Cartagena, fue destacada como ejemplo del potencial que tiene la academia para articular conocimiento, territorio y acción política, contribuyendo a la construcción de modelos de desarrollo rural más justos y sostenibles.
Debate global y justicia territorial
En el segundo panel, el académico sudafricano Mnqobi Ngubane, del Departamento de Sociología de la Universidad Nelson Mandela, advirtió sobre las profundas asimetrías del sistema económico global. Señaló que estas desigualdades afectan de manera directa a los pueblos rurales y hacen indispensable que mantengan una agenda activa en defensa de sus territorios y derechos colectivos.
Durante la jornada también se abordaron temas clave como el enfoque agroecológico como horizonte de transición productiva, las barreras estructurales en el acceso a la titulación rural y el diseño de políticas públicas orientadas a fortalecer la agricultura familiar, campesina, étnica y comunitaria. Estos elementos fueron presentados como componentes esenciales de una Reforma Agraria moderna y efectiva.
Un nuevo pacto global por la tierra y la vida
Con esta primera jornada, Colombia consolida la ICARRD+20 como un espacio de debate internacional de alto nivel, capaz de articular movimientos sociales, academia, organismos multilaterales y gobiernos alrededor de una agenda común. El objetivo es claro: construir un nuevo pacto global por la tierra, la vida y la justicia territorial.
La agenda académica continuará hasta el 22 de febrero, fortaleciendo una discusión sustantiva que marcará el desarrollo de la Conferencia en los próximos días. El mensaje central que deja este encuentro es contundente: el futuro de la democracia, la sostenibilidad ambiental y la seguridad alimentaria pasa, inevitablemente, por una Reforma Agraria estructural, contemporánea y con enfoque territorial.


