Familia Jiménez Cabarcas transforma su vida mediante intervención social comunitaria en Cartagena gracias a la Fundación Puerto Cartagena
La historia de la familia Jiménez Cabarcas es un testimonio vivo de resiliencia y del poder transformador que tiene la intervención social comunitaria. Hace apenas unos años, la realidad de Kellys Cabarcas Nieto y sus dos hijos, Keifer y Kelly Fernanda, estaba marcada por el sacrificio físico y la estrechez económica.
Durante tres años consecutivos, Kellys caminó diariamente cerca de dos kilómetros bajo el inclemente sol caribeño, desde el sector de Colinas de Villa Barraza hasta Ceballos, para llevar y recoger a sus hijos del colegio oficial Salim Bechara, ya que la situación financiera de la familia no permitía costear el transporte.
Sin embargo, en medio de estas dificultades, un enlace de WhatsApp enviado durante la pandemia se convirtió en la puerta de entrada a un cambio de vida radical a través de la Fundación Puerto de Cartagena, la cual gestiona las actividades de responsabilidad social del Grupo Puerto de Cartagena.
Lo que comenzó como una búsqueda de actividades recreativas virtuales para sus hijos durante el confinamiento, evolucionó hacia un proceso de formación integral.
Keifer, el hijo mayor, ingresó al programa de fútbol con valores, mientras que la pequeña Kelly Fernanda se unió a los Ecoguardianes.

Kellys, observando la dinámica, descubrió que la Fundación no solo atendía a los niños, sino que ofrecía un espacio vital para las madres: la “Red de Familias”. Motivada por el deseo de mejorar su hogar, se inscribió en talleres que enseñaban manejo de autoridad y resolución de conflictos, herramientas que, según sus propias palabras, transformaron la dinámica familiar que sentía estancada a pesar de los avances de sus hijos.
El modelo de intervención de la Fundación Puerto de Cartagena se distingue por su enfoque de pares.
Según explica Heidi Mendivelso de la Fundación, se identificó que las familias son más receptivas cuando la orientación proviene de un igual y no de una figura de autoridad externa como un psicólogo o trabajador social.
Por ello, madres líderes como Kellys, que demuestran habilidades comunicativas y compromiso, son capacitadas para replicar el conocimiento entre sus vecinos.
Hoy, Kellys es una líder comunitaria aceptada y querida, que trabaja activamente en la prevención del embarazo adolescente, el consumo de drogas y las enfermedades de transmisión sexual en su comunidad.

El deporte como escuela de vida y ventana al mundo
Para Keifer Andrés Jiménez, de 17 años, la Fundación representó mucho más que aprender a patear un balón. El programa sociodeportivo utiliza el fútbol como vehículo para inculcar competencias ciudadanas.
En lugar de llevar números en la espalda, los jugadores portan valores como la amistad, la afectividad, la alegría y la comprensión. Keifer relata que este enfoque le enseñó a tomar decisiones responsables y a entender que el liderazgo y la convivencia son fundamentales tanto dentro como fuera de la cancha. Su compromiso y desarrollo personal lo llevaron a ser beneficiario de una alianza con la Fundación Real Madrid, lo que le permitió viajar a España.
La experiencia en Madrid marcó un antes y un después en la visión de mundo del joven bachiller. Para Keifer, quien nunca había subido a un avión, el viaje no fue solo turismo; fue una expansión de sus horizontes mentales.
Visitar lugares históricos como la Puerta del Sol y pisar las gradas del renovado estadio Santiago Bernabéu le demostró que el mundo es inmenso y está lleno de oportunidades más allá de su entorno inmediato. “Se me amplió más la mente y el aprendizaje”, asegura Keifer, quien ahora proyecta su futuro con ambición y claridad.
El desarrollo de Keifer también abarcó el arte y la cultura. Su participación en la obra de teatro ‘Macondo Vive’, realizada para los 20 años de la Fundación, le permitió desarrollar habilidades de memorización y resolución de conflictos bajo presión.
Aprendió que, al igual que en el fútbol, en el teatro y en la vida es necesario saber trabajar en equipo y manejar las frustraciones para lograr un objetivo común. Esta formación integral ha sido clave para forjar su carácter resiliente, el mismo que le permitía estudiar para sus exámenes en la acera del colegio mientras esperaba a su hermana durante aquellas largas jornadas de caminata años atrás.
Actualmente, el panorama para los Jiménez Cabarcas es prometedor. La situación económica ha mejorado, permitiendo a la familia adquirir una motocicleta que facilita la movilidad hacia los programas de formación.
Keifer, recién graduado de bachillerato, se prepara para estudiar Ingeniería Informática, apoyado por el programa de becas ‘Vive Bien’ que le ha ofrecido la Fundación como reconocimiento a su trayectoria y excelencia. Por su parte, Kelly Fernanda, de 12 años, continúa su proceso formativo en séptimo grado y en el grupo de Ecoguardianes.

La Fundación Puerto de Cartagena ha logrado tejer una red de apoyo que va más allá de la asistencia inmediata. Ha construido un ecosistema donde las familias se empoderan para ser los propios gestores de su bienestar.
Como bien lo resume la historia de Kellys y Keifer, el verdadero éxito de estos programas no radica solo en las becas o los viajes, sino en la capacidad de dotar a las personas de las herramientas emocionales y cognitivas necesarias para reescribir su propia historia y, en el proceso, transformar a toda una comunidad.


