La Fundación implementa innovadora Escuela Inteligente tras pandemia para fortalecer conectividad, aprendizaje y permanencia escolar comunitaria
La pandemia obligó a un giro de 180 grados a los programas educativos de la Fundación Puerto de Cartagena (FPC) --brazo social del Grupo Puerto de Cartagena-- en dos de sus comunidades vecinas. Conozca los logros de esta iniciativa que anualmente involucra a 1.339 estudiantes.
“En la Fundación Puerto de Cartagena, FPC, desde su junta directiva hasta sus colaboradores, creemos que la educación es el motor de la transformación social. Eso es clave y foco de la Fundación desde sus inicios”, advierte Heidi Mendivelso Bermúdez, la líder de proyectos sociales de esa entidad.
Sin embargo, durante y después de la pandemia de 2020, los programas educativos de la Fundación debieron enfrentar nuevos desafíos y justo en medio de ese panorama sanitario nace uno de los programas más estratégicos de la entidad: Escuela Inteligente. El programa se diseñó en 2020 y arrancó en 2021 y en 2024 terminó el tema de sostenibilidad. El programa involucra a 62 docentes directivos administrativos, 975 familias y anualmente 1.339 estudiantes.
“La iniciativa nace como una respuesta a la crisis educativa que vivimos en la ciudad durante la pandemia. Entre 2012 y el 2020 todos nuestros programas eran de carácter comunitario, o sea, abiertos al barrio, muy presenciales. Todo lo hacíamos directamente en la comunidad. Cuando llega la pandemia, nos preguntamos: ¿Cómo podemos dar continuidad desde otro escenario que no fuera la presencialidad a todos los programas de la FPC?
La decisión del GPC fue entregar datos y tablet a los 700 beneficiarios de sus programas para sostener los compromisos adquiridos y seguir acompañando a las familias. “Cuando hacemos esto, nosotros empezamos a indagar entre los beneficiarios: ¿Cómo vas en el colegio? ¿Qué ha venido pasando? “Los chicos nos decían que no tenían contacto con el profe, ya estamos en agosto, septiembre y no sabemos qué está pasando con la escolaridad, no estaban llegando las guías”.
“Entonces como equipo empezamos a hacer un análisis de la situación educativa de las dos instituciones que estaban en nuestros barrios en su momento: Institución Educativa de Ceballos e Institución Educativa Almirante Padilla (El Zapatero). Empezamos a hacer una revisión y nos damos cuenta de varias cosas. Primero, encontramos que solamente el 10% de los docentes y los estudiantes contaban con algún medio de conexión con Internet. Dos, el índice de abandono, previo a la pandemia, lo que llamamos como deserción escolar, estaba entre el 13 y el 15%, bastante alto y superior a la media de la ciudad y superior a la media país”, recuerda Mendivelso Bermúdez.
“También detectamos que los aprendizajes de los niños y niñas eran bastante frágiles, entonces sus desempeños en las Pruebas Saber no eran los ideales; y haciendo una revisión de indicadores, cinco años hacia atrás, los dos colegios seguían en categoría D, que es la más baja del índice de calidad, explica la líder de proyectos de la FPC.
Teniendo ese diagnóstico, la Fundación decidió generar un proyecto que permitiera mejorar la calidad educativa, que fuera realmente robusto y que le permitiera a la institución educativa afrontar esta situación que estaba transitando. “Por ello, pensamos en un proyecto dirigido a familias, estudiantes, docentes, directivos y administrativos. Un proyecto integral, que involucre a toda la comunidad educativa y nace Escuela Inteligente”.
“El programa se diseña con cuatro componentes: El primero tiene que ver con transformación cultural, que busca que todos los programas que nosotros tradicionalmente hacíamos en los barrios, se transferían al colegio para que la institución los utilice como una propuesta de jornada escolar complementaria. ¿Qué significaba nuestra hipótesis? Que los chicos estaban abandonando el colegio, pero si les damos un motivo adicional para ir a la institución, ellos se quedarían”, relató.
“Los niños y niñas podían ir al colegio a aprender matemáticas y sociales, pero resulta que también la Fundación Puerto de Cartagena les está ofreciendo la posibilidad de aprender a tocar música sinfónica o entrenar en una escuela socio deportiva o participar de un programa de liderazgo o de protección ambiental. Realmente se le daba al niño otro motivo para ir al colegio. En ese componente también se capacitó a todo el equipo administrativo acerca de cómo recibir y tratar a las familias. Se desarrolló una malla integral donde le decíamos cómo es la forma y cómo puedes mejorar”.
“El colegio había perdido la relación con las familias y lo que hicimos fue facilitar todas las herramientas que nosotros teníamos para fortalecer su escuela de familias. Anualmente tienen encuentros de formación en pautas de crianzas. También en salud sexual y reproductiva, en prevención de consumo de sustancias psicoactivas, en promoción de estilos de vida saludable y lo que buscamos es que esas familias aprendan a acompañar la trayectoria educativa de sus chicos”, señala Heidi.
El segundo componente fue el empoderamiento psicopedagógico. Con la llegada de la pandemia, el reto se hizo evidente: se pidió a los docentes migrar a la modalidad virtual, pero muchos no contaban con computador ni conectividad; tampoco revisaban su correo electrónico, no utilizaban plataformas para comunicarse y desconocían herramientas que hoy son comunes en el aula, como la gamificación. ¿Qué se hizo? Se les brindó un diplomado en innovación pedagógica y tecnológica. “Todos los componentes avanzaron en paralelo para generar cambios”, relata la líder de la FPC.
En el proceso, los profesores comprendieron que la innovación no depende únicamente de “tener tecnología”, sino de cómo se transforma la enseñanza. Por eso, recibieron formación en robótica, inteligencia artificial y en el uso de herramientas como Google Workspace y Teams, además de capacitación con la Universidad de Cartagena en innovación pedagógica. También tomaron clases en una plataforma sobre cómo incorporar la robótica en distintas asignaturas —por ejemplo, para enseñar ciencias sociales—. La formación no se limitó a los docentes de informática: incluyó a profesores de todas las áreas.
El tercer componente consistió en capacitar y, al mismo tiempo, garantizar los recursos para que lo aprendido pudiera llevarse a la práctica. Bajo un enfoque de etnotecnología, el Puerto de Cartagena donó al Distrito un aula de innovación pedagógica y tecnológica, distinta a una sala de informática tradicional. Se trata de un espacio con una mesa de trabajo y estaciones diseñadas para el aprendizaje basado en proyectos: una zona para soñar e idear, otra para diseñar, una para probar y otra para comunicar.
Antes de la intervención, el colegio contaba con 42 computadores, una proporción aproximada de un equipo por cada 30 estudiantes. Esa realidad cambió con la entrega —formalizada mediante acta— de 150 computadores portátiles, 60 kits de robótica, una impresora 3D, una impresora 2D, un centro computacional de mando, sonido para todo el aula y una pantalla digital.
El cuarto componente fue el de evaluación y seguimiento. “Nos comprometimos a que más estudiantes accedieran al aula, a que los profesores presentaran propuestas de innovación y a que el espacio no se convirtiera en un elefante blanco, en algo que no se usara”, destaca la líder.
El programa en Ceballos tuvo una inversión de 1.500 millones de pesos.
Los logros del programa
- Ha disminuido la deserción de los estudiantes en el colegio. Este indicador se redujo en tres puntos porcentuales, pasando del 13% al 10%.
- Los profesores ven ahora al colegio como una institución en la que desean trabajar.
- Dentro de la propuesta, la FPC les facilitó las herramientas para un Smart Garden, que es aprender de energías limpias.
- Hay 9 propuestas de enseñanza que tienen la innovación, Smart Garden (huerto inteligente), robótica, propuesta de enseñanza en matemáticas para resolución de problemas a través de la tecnología, entre otras que antes no estaban.
Los retos a futuro
- Lograr que la innovación sea un tema habitual de la enseñanza, que no sea una experiencia aislada en el aula.
- Lograr que el profe, efectivamente, pudiese enseñar haciendo uso de la tecnología y de la innovación. Que sea como llevar un libro y un cuaderno todos los días al colegio.
- La experiencia de Ceballos motivó a la Secretaría de Educación a incorporar la estrategia de Escuela Inteligente en el Plan de Desarrollo, para replicarla en 10 colegios más.
- El Colegio Almirante Padilla, en el barrio El Zapatero, será la segunda Escuela Inteligente de la FPC, con el apoyo de aliados. El propósito es que los niños desde la transición puedan acceder al aprendizaje de la tecnología y la robótica.
- El programa también logró un convenio con el Sena para una media técnica en logística portuaria, pero solo participaba el 45%. Ahora todos los estudiantes de 10° y 11° están vinculados a dos programas de formación con esa institución que tienen que ver con programación de software y telecomunicaciones.
¿Quién es la líder?
Heidi Mendivelso Bermúdez es la líder de los proyectos sociales de la Fundación Puerto de Cartagena. Es psicóloga de formación, con una maestría en educación sostenible y gestión ambiental territorial. Con la Fundación Puerto de Cartagena está desde el 2015 en todas las actividades que viene desarrollando la entidad. Inicialmente estuvo como consultora y hoy hace parte del equipo de planta. Tiene una experiencia de 24 años en entidades de Cartagena, Bogotá, Medellín, Argentina y Uruguay.


