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Ene 8, 2026

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Los ecoguardianes del entorno portuario: El “colectivo verde que custodia a 7 barrios del entorno portuario”

Ecoguardianes forman 1.600 niños en cultura ambiental, fortaleciendo familias y comunidades con apoyo de Fundación Puerto de Cartagena

Niños cartageneros fortalecen cultura ambiental desde 2012 en siete comunidades gracias al programa educativo de Fundación Puerto de Cartagena


Durante 13 años, la Fundación Puerto de Cartagena (FPC) ha brindado formación ambiental a cerca de 1.600 niños y niñas en siete barrios de la ciudad, a través del programa Ecoguardianes.  Cómo es el programa, así  lo cuenta una de sus formadoras, Sandra Salas Barba.

Es un colectivo verde, compuesto por niños y niñas, que toma posiciones estratégicas en siete comunidades vecinas a las terminales del Grupo Puerto de Cartagena. Su misión es preservar el medioambiente y sus herramientas son la conciencia y la cultura ambiental.

Para cumplir esa misión, la Fundación Puerto de Cartagena (FPC) diseñó hace 13 años un programa que al final termina involucrando a las familias y a toda la comunidad: Ecoguardianes.

Sandra Salas Barba, formadora de esa iniciativa, la define como “un programa de formación ambiental” que involucra a menores entre los 7 y los 12 años en las comunidades de Ceballos, Albornoz, Urbanización Santa Clara, San Isidro/bajo, El Zapatero, Las Colonias de Manga y Nuevo Oriente.

Foto Cortesía Fundacion Puerto Cartagena

“El objetivo del programa es formar en cultura ambiental. A través de una apuesta metodológica se realizan sesiones formativas dirigidas a ese proceso de toma de conciencia con los niños. También trabajamos en áreas como la socioemocional y las ciudadanas, competencias fundamentales que se desarrollan en este proceso de formación. Es un encuentro semanal de tres horas para cada grupo de Ecoguardianes”, precisó.

Las cifras de este programa indican que en sus trece años de vigencia se han programado más de 229 encuentros formativos que han copado 687 horas de formación, la permanencia de los beneficiarios es del 93% y la asistencia a las diferentes actividades es, en promedio, del 80%.

Con diez años vinculada a ese programa, Sandra señala que la iniciativa ha logrado llegar a cerca de 1.600 niños y niñas. “El éxito de Ecoguardianes es que logra unir a las familias entorno a propósitos ambientales. No solamente es la parte formativa, sino que la familia de alguna manera se vincula y se forma una red de apoyo alrededor de todas las actividades que se hacen.

“El énfasis es que los niños aprendan y se miren a sí mismos como parte de la naturaleza. Nosotros estamos enfocados en desarrollar toda la parte ambiental, pero desde la ecología humana. Es decir, yo soy parte de este ecosistema, y si yo como parte de este ecosistema no aprendo a cuidarme a mí mismo, entonces no puedo cuidar al otro, no puedo cuidar mi entorno. Cuando el programa logra permear a la familia hemos logrado lo más difícil, porque la familia se vincula a los procesos y cambiamos la mentalidad de los adultos, que son más renuentes a los cambios”, explica la formadora.

La ‘tienda del trueque’

La formación ambiental de este programa es muy lúdica, integradora y divertida e igualmente incluye talleres a los que se vincula a las familias. Desde Ecoguardianes también se refuerza la lectura, la lectoescritura y la expresión oral. También hay jornadas de recolección de material reciclable, puntualmente materiales plásticos, donde participa toda la familia. En esta actividad, los niños salen a sus comunidades y se convierten en receptores en las escuelas donde están. Hacen alianza con el padrino, con la madrina, con el tío, con el de la tienda y todo ese material plástico lo recogen y lo entregan al programa y ese material reciclable les da un puntaje que se convierte en unos pequeños billeticos que, posteriormente, van a cambiar en la otra actividad que se denomina ‘Tienda de trueque’, que normalmente se realiza en diciembre. Es decir, es una actividad autosustentable y les permite a los niños comprar juguetes, tecnologías y accesorios con el producido de su venta de material reciclable que recolectan, describió Sandra.

También hay otras jornadas ambientales que son procesos de recuperación desde las mismas comunidades donde los niños residen. Este año se hicieron nueve jornadas de impacto ambiental en las diferentes comunidades.

Los procesos de integración en estas comunidades también van a responder a algunas de las necesidades que desde la Fundación identifican los residentes en estos barrios. Una de ellas es la siembra de árboles, sobre todo frutales (naranjos, limón, guayaba, mango, cocoteros), maderables (robles) y ornamentales (palmeras).

Cómo llega Sandra a Ecoguardianes

Sandra, antes de llegar a la Fundación Puerto de Cartagena, trabajaba como madre comunitaria y adelantó estudios de Atención a escuelas maternales y jardines infantiles. Su vinculación a la Fundación fue en 2015, cuando la entidad entró a la comunidad con su programa Saberes, una iniciativa que daba herramientas pedagógicas a las madres comunitarias y estando allí es llamada a trabajar en la Fundación.

“Yo estoy muy satisfecha con Ecoguardianes. Siempre he pensado que la educación no tiene que ser triste, no tiene por qué ser traumática, ni aburrida. Entonces yo siempre he intentado que los niños la disfruten, que cada proceso y cada encuentro formativo lo disfruten. No soy muy rígida e­n el tema de seguirme por una pauta metodológica que dice que tiene que ser así, así o así, a veces los niños me hacen apuestas, me hacen propuestas, me hacen preguntas y suelto un poquito esa temática. Desde la lúdica, desde la música, desde todas esas partes que nosotros podemos aprovechar como herramientas pedagógicas, que es lo que ha marcado Ecoguardianes. Mi objetivo principal siempre ha sido ese, marcar la vida de los niños positivamente”.

Crear cultura ambiental es un proceso que toma su tiempo. Sin embargo, desde Ecoguardianes, Sandra empieza a ver las semillas de ese trabajo social. “Ya vemos a familias del programa limpiando su entorno, vemos a las familias siendo ejemplos y algo que Ecoguardianes tienen, y hay que resaltarlo, es que los niños en las escuelas replican lo que aprenden en este programa”, dice la formadora.

Desde su trabajo en la Fundación, Sandra destaca cómo ha logrado formar a sus hijos. ”Mi hijo mayor, por ejemplo, hoy es músico de la Universidad de Bellas Artes, ya tiene una maestría en educación pedagógica. Mi hijo menor es ingeniero, y mi hija estudió hotelería y turismo.  “Hay una satisfacción personal, hay una satisfacción a nivel laboral, pues yo siempre digo que hay más que hacer, hay más que dar, hay otras cosas que proyectar, pero siempre creo que la energía, el deseo, el agrado de estar con los chicos, eso es algo que no tiene precio. 

El mensaje final para sus estudiantes, para las comunidades y para el ciudadano del común es: Los procesos de transformación se empiezan con pequeñas acciones. Entonces yo creo que, desde mis niños, desde las comunidades, desde los grandes procesos que nosotros hacemos, mirar que esto pueda darse. Invitamos a las comunidades para que se vayan sumando. Pequeñas acciones desde la casa, cómo cerrar la llave del agua, mantener la luz apagada sino se necesita, son importantes. Yo creo que esos procesos nos ayudan a mirar, de manera diferente, el entorno en que nosotros vivimos”, dijo la formadora de Ecoguardianes.

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