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Ene 9, 2026

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Del barrio San Isidro al Santiago Bernabéu: dos décadas tejiendo sueños en el corazón de Cartagena

Fundación Puerto de Cartagena transforma comunidades con programas deportivos y educativos, impactando 159.873 personas y llevando jóvenes de San Isidro hasta el Santiago Bernabéu

Fundación Puerto de Cartagena impulsa jóvenes mediante deporte y educación desde 2005 en comunidades vulnerables de Cartagena


Para Heriberta Esther Castro, habitante de la comunidad del barrio San Isidro Parte Baja, en Cartagena, el sonido de un avión ya no es solo ruido de fondo, es el eco de una victoria familiar. Sus sobrinos, criados en las entrañas de un territorio donde las oportunidades suelen ser esquivas, lograron lo impensable: cruzar el Atlántico para pisar el césped sagrado del estadio Santiago Bernabéu en Madrid, España. No fue un golpe de suerte, sino el resultado de un proceso meticuloso de disciplina deportiva y formación humana.

“Para nosotros como familia fue algo muy hermoso ganarnos ese premio. Viajaron por toda una semana con todos los gastos pagos, en avión ida y regreso”, relata Heriberta con la voz quebrada por el orgullo.

Su historia no es un caso aislado. Es la punta del iceberg de una intervención social silenciosa pero contundente que lleva realizándose desde hace 20 años en su barrio de la mano de la Fundación Puerto de Cartagena, operadora de las actividades de responsabilidad social empresarial del Grupo Puerto de Cartagena.

La historia de los sobrinos de Heriberta es el rostro visible de una organización que ha decidido trascender la lógica empresarial para convertirse en un vecino activo.

Foto Cortesía Fundación Puerto de Cartagena

Lo que comenzó en 2005 como una iniciativa de responsabilidad corporativa, hoy se ha transformado en un motor de desarrollo que abarca siete comunidades: San Isidro Parte Baja, Albornoz, Zapatero, Ceballos, Santa Clara, Nuevo Oriente y Colonias

Más allá del asistencialismo: un cambio de paradigma

La transformación no ocurrió de la noche a la mañana. Sarith Pérez Balzán, Trabajadora Social y gestora de la Fundación, explica que el éxito del modelo radica en enfocarse en la autogestión. “No es solo dar, es gestionar y solucionar conflictos al interior de los sistemas familiares”, señala Pérez.

Entre 2012 y 2024, la Fundación ha impactado a 159.873 personas. Sin embargo, para las gestoras sociales que caminan el territorio el número más importante es el de las vidas que le han quitado a la violencia.

En un contexto donde el pandillismo y el ocio improductivo acechan en cada esquina, programas como Juventud Líder y la Escuela de Fútbol Transformador funcionan como un blindaje social.

“La Fundación ha rescatado a esos jóvenes de todos estos factores de riesgo”, afirma Heriberta, quien ha sido testigo de cómo la esquina del barrio dejó de ser el único destino posible.

“Uno de los problemas principales era el pandillismo. La Fundación los ha integrado en los diferentes programas para que tengan la mente más ocupada”, agrega la líder comunitaria, destacando que el cambio de mentalidad es palpable en las nuevas generaciones.

Foto Cortesía Fundación Puerto de Cartagena

Educación y tejido social como antídoto

La estrategia es integral. No basta con entregar un balón de fútbol, se necesita fortalecer el núcleo donde crecen estos niños. Por ello, la Fundación implementa programas de formación para padres y habilidades de crianza positiva.

La premisa es clara: familias fuertes construyen comunidades resilientes. Sarid Sarith Pérez destaca que hoy fomentan “la educación no formal, promoviendo las competencias socioemocionales”, herramientas vitales para que un joven de Albornoz o Ceballos pueda competir en igualdad de condiciones en el mercado laboral o académico.

El impacto educativo es, quizás, el legado más duradero. Heriberta relata con entusiasmo cómo el acompañamiento no se limita al deporte. “Hay jóvenes que estudian en la Institución Universitaria Mayor de Cartagena y la Fundación les apoya con ese subsidio para que ellos puedan ir a su universidad y tengan la mente despejada y no crean que no van a poder ir porque no tienen ese recurso. Ya lo tienen”, asegura.

Este acceso a la educación superior está reconfigurando el tejido social de la zona. Barrios que históricamente fueron estigmatizados por la inseguridad, hoy ven a sus hijos convertirse en profesionales. Es un proceso de “construir tejidos sociales”, como lo define la gestora Pérez Balzán, quien enfatiza que la meta final es dejar “capacidades instaladas” en la gente, para que sean ellos mismos los gestores de su transformación.

Foto Cortesía Fundación Puerto de Cartagena

Vecinos, no solo empresas

La Fundación ha logrado establecerse como un puente de diálogo y acción.

“Más que verlos como nuestros vecinos, son nuestros aliados. En la medida que el puerto va creciendo, nosotros también queremos que las comunidades crezcan”, explica SarithPérez. Esta visión de valor compartido es crucial en un país como Colombia, donde la brecha entre el sector privado y la sociedad civil suele ser amplia. En Cartagena, el puerto ha entendido que su sostenibilidad operativa depende intrínsecamente del bienestar de su entorno.

Heriberta reconoce los problemas de infraestructura y ambientales que persisten, mencionando situaciones con el parque local y la contaminación, pero valora que no están solos en la búsqueda de soluciones. “La Junta de Acción Comunal va a reconstruir nuevamente el parque”, comenta esperanzada, demostrando que el espíritu de liderazgo comunitario se ha reactivado.

Al final del día, cuando cae la tarde sobre la bahía de Cartagena, lo que queda son las historias de superación. Queda la imagen de unos gemelos de San Isidro Bajo entrenando con la disciplina de un atleta de élite, y la certeza de una tía que sabe que, gracias a un apoyo oportuno y una gestión humana, el futuro de su familia ya no tiene fronteras.

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